Historia: el crecimiento turístico de Villa Carlos Paz
Villa Carlos Paz nació y creció mirando al agua. El embalse del lago San Roque, formado a comienzos del siglo XX junto al dique del mismo nombre, transformó un paraje serrano tranquilo en uno de los destinos de descanso más visitados del centro de Argentina. Familias de Córdoba capital y, más tarde, de todo el país, empezaron a elegir sus costas para pasar el verano, atraídas por el clima templado de las sierras, la cercanía con la ciudad y la promesa de un paisaje que combinaba montaña y espejo de agua en un mismo horizonte.
El desarrollo urbano acompañó ese interés creciente. Se trazaron calles, se construyeron hospedajes, confiterías y espacios de recreo pensados para una temporada que se extendía de diciembre a marzo. En ese contexto apareció un edificio que se volvería, con el tiempo, un punto de referencia obligado: el edificio del casino de la ciudad. Más allá de su función específica, el inmueble funcionó durante décadas como un verdadero centro de la vida social carlospacense: allí se cruzaban veraneantes, vecinos, músicos de paso y familias enteras que buscaban un lugar luminoso y elegante donde reunirse después de un día de playa o de paseo por la costanera.
Cada década dejó su huella en esa vida de salón. En los años cincuenta, el edificio reflejaba la formalidad de la época: trajes, vestidos de fiesta y un ritmo pausado, acorde con una ciudad que todavía recibía a un público relativamente acotado pero fiel. La llegada de los años sesenta trajo un aire distinto, más relajado, en sintonía con los cambios culturales que empezaban a sentirse en toda Latinoamérica. La música popular ganó protagonismo en los salones y el público se volvió más joven y más numeroso.
En los años setenta, Villa Carlos Paz consolidó su identidad como destino de temporada masiva. La estética de la época, con sus colores saturados y sus afiches llamativos, se trasladó también a la promoción turística de la ciudad, que empezaba a competir con otros puntos serranos por la atención de los visitantes. El edificio del casino, en ese marco, siguió oficiando de anfitrión de la vida nocturna y de los encuentros sociales que daban color a las noches de verano.
La década de 1980 marcó un quiebre en la escala del turismo local. La mejora de las rutas y la multiplicación de los servicios de ómnibus de larga distancia permitieron que miles de visitantes llegaran cada temporada desde todos los puntos del país. Villa Carlos Paz dejó de ser un destino de cercanía para transformarse en un fenómeno de turismo masivo, con una oferta de alojamiento, gastronomía y espectáculos que crecía año tras año. El edificio histórico, ya instalado en el imaginario colectivo de la ciudad, siguió siendo un hito visual y social, visible desde la costanera y mencionado en cualquier repaso de la fisonomía urbana local.
Hoy, ese recorrido de varias décadas puede leerse como la historia de una ciudad que aprendió a convivir con el turismo como motor principal de su economía y de su identidad. El lago, el dique y el edificio del casino forman, juntos, una postal que atravesó generaciones y que este archivo busca documentar desde una mirada cultural, sin perder de vista el contexto social que le dio sentido a cada época.